BENBENUTO

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Que tu estancia aquí sea placentera, y que mis letras logren llevarte a la reflexión, al análisis pero sobre todo, que te sirvan de aliento, de consuelo y apoyo. No estás solo, escritor novel. Yo camino a tu lado, hoy y siempre.

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sábado, 3 de agosto de 2013

Confesiones de una mujer delirante (1)



Lloro por ti, porque lo nuestro es imposible. ¿Cómo es posible que algo que puede hacerte henchir el pecho de orgullo pueda lastimarte tanto? Y no importa cuánto blanda mi espada, cuantas veces desmienta al mundo acerca de nosotros, siempre acabo llorando, en silencio, sin lágrimas, porque de dejarlas ir hacía tiempo que me habría quedado sola, así al menos tengo a mis lágrimas que me hagan compañía.

Tan cerca y tan lejos, con las ganas aguantadas porque así es la vida, cruel, juzgando y criticando lo nuestro e impidiéndonos amarnos hasta salir el alba, entre líneas de poesía, diálogos ingeniosos, párrafos de suspense y magia en las comas.

Pero no, estamos aquí, aguantándonos todo eso y sin saber qué hacer con aquello que nos desborda, desgarrados, sangrando, deseando que no haya un mañana y que por primera vez, la vida muestre un poco de compasión y acabe con nuestro sufrimiento, obstruya nuestras respiraciones para siempre. Al fin y al cabo, ni tú ni yo estamos respirando ya, muertos por nuestra ausencia latente, por un anhelo que duele, que despedaza.

Quiero dejar mi falsa cortesía, abrazarte y decirte que nada ni nadie nos volverá a separar, pero como dije antes, la vida es una mierda y ha de encontrar la forma de alejarnos el uno del otro. Te extraño tanto, y aunque sé que los muertos no tienen nada que perder, temo acercarme a ti y perder la cabeza, embriagarme de tu alegría, tu ilusión y entusiasmo para todo, como un niño pequeño, bello e inocente. Y temo eso, porque conozco tan bien la crueldad del mundo que no dudo que iría a por mí de nuevo, desgarrándome, quemándome hasta volverme cenizas.

Me llamarás cobarde, lo sé, pero yo…temo sufrir de nuevo, como la última vez, temo no poder soportarlo de nuevo y esta vez, sucumbir al fuego por completo, morir para no renacer nunca más.

Aunque con incertidumbre me pregunto, si desde esa última vez renací, o me limité a sobrevivir.

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