BENBENUTO

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sábado, 22 de diciembre de 2012

Reseña de «Cierra los ojos y mírame», de Ana Galán y Manuel Enríquez

 



Datos:

Título del libro: cierra los ojos y mírame.

Autores: Manuel Enríquez y Ana Galán

Editorial: Grupo Planeta

Sello: Destino

Fecha publicación: 10/2012

ISBN: 9788408009818

Págs: 303

 

Sinopsis:

Tras un grave accidente de coche, David recibe la noticia de que se ha quedado ciego y se encuentra sumergido en un mundo de sombras donde deberá aprender a comer, a vestirse, a leer e intentar armarse de valor para regresar a la facultad acompañado de su bastón blanco que tanto aborrece. Su vida ha dado un cambio rotundo y poco a poco tendrá que aprender a valerse por si mismo con la ayuda de un perro guía, que lo llevará a conocer a Blanca.

Blanca, junto con su familia, ha adiestrado a Kits, el perro lazarillo de David. Blanca y David entablan amistad y poco a poco les va a unir algo más que Kits. Pero la vida no es tan fácil, los cuentos no siempre tienen final feliz, su relación no tiene ningún futuro o… quizás, sí.

 

Mi opinión:

 

Desde que leí la sinopsis de este libro me llamó la atención. Desde hace muchos años que mi madre me insistía en escribir un libro donde se hablara desde la perspectiva de una persona ciega, a fin de tratar las injusticias que se cometen contra nosotros los invidentes y sobre todo, crear conciencia en la gente.

La idea me parecía tentadora, créanme, pero la verdad es que soy escritora de fantasía y, no importaba cuántas veces comenzara a escribir la novela, siempre acababa desviándome del tema, introduciendo personajes míticos o mundos desconocidos. Además de que tengo un humor bastante negro —si lo sabrán mis compañeros de la universidad… ¡se les quiere, gente! — y en muchas ocasiones eso incomoda a las personas, así que acabé dejándolo por la paz.

Por eso, cuando me topé con este libro no dudé en leerlo.

La historia está narrada en primera persona, alternados los capítulos entre David —el chico que pierde la vista— y Blanca —la chica que cría al perro guía—. Ambos son personajes muy bien construidos, Blanca, por un lado, es una joven que está a punto de iniciar la universidad, sencilla pero de armas tomar, con una voluntad inquebrantable, de esas chicas que cuando se le mete algo entre ceja y ceja no hay quién la haga cambiar de parecer. David, por su parte, bueno, también es decidido, aunque tarda más en procesar las cosas y a veces puede parecer un poco fatalista, logra también ganarse la simpatía del lector.

Blanca ha decidido adoptar un cachorro al que ha de entrenar para convertirlo en un perro guía. Después de año y medio de criar al perro, debe devolverlo a la EGP en donde lo asignarán a un invidente, quien termina siendo David. Pero Blanca le ha tomado tal cariño al animalito que insiste en verlo una última vez y, lo que comienza como un raro capricho —y digo raro, porque a mí en lo personal se me hace un poco exagerado el apego que le tiene al can, aunque no niego que exista gente así, mi hermana menor es un claro ejemplo xD —, acaba en una relación amorosa con la persona que Blanca menos esperaba.

El libro no es para nada empalagoso. Tiene bastante comedia, y es que la vida de nosotros los ciegos está plagada de accidentes que le harían soltar una carcajada a cualquiera; asimismo tiene realismo, bastante realismo en realidad, aunque a lo mejor yo lo habría puesto un poquito más crudo, pero bueno, hay que fijarnos en el contexto en el que se desarrolla la historia (España), un país mucho más accesible y tolerante con las personas invidentes de lo que es México.

 

—Y esta tía, ¿qué tal está? No será un callo malayo de esas que andan buscando novio como locas, ¿no? David, no me hagas una encerrona porque te mato.

—¡No! —reí divertido ante su ocurrencia—. Te aseguro que Mireia está muy bien.

—Ya, pero... perdona que no me fíe de tu criterio. Hace dos años no habría dudado, pero ahora ves menos que un pepino y la única información que tienes es lo que te dice Blanca, y ella no va a hablar mal de su mejor amiga.

 

Se tocan temas muy importantes en esta novela: la discriminación —insisto, este aspecto faltó que me lo resaltaran más—, los problemas que se presentan por parte de las dos familias ante una relación de una persona ciega y otra que sí ve, la sobreprotección y la re-adaptación de alguien que por alguna razón imprevista pierde la visión. Al principio puede resultar un poco aburrido, ya que ha de mostrarse el proceso depresivo de David y el cómo Blanca entrena al perro, pero al cabo de un rato la cosa va mejorando. Hay personajes a los que llegas a odiar, situaciones como la reacción de los padres de Blanca  —en contra— ante el hecho de que su hija tenga una pareja invidente, las cuales te indignarán muchísimo pero a la vez, te hará ser un poco condescendiente con ellos.

 

—¿Y qué es lo que os preocupa exactamente, si se puede saber? —espeté—. ¿Es que acaso podéis decir algo malo de David? ¿O es que quizá os molesta el hecho de que sea ciego?

—Por favor, Blanca, no te lo tomes a mal —dijo mi madre—. David nos cae muy bien, parece un chico estupendo. Sólo queremos asegurarnos de que no confundes la compasión con el amor o que el hecho de que eches de menos a Kits y quieras estar con él no te esté llevando a estar con David. Entiendo perfectamente que quieras ver al perro, pero a lo mejor, y sólo a lo mejor, podrías estar engañándote a ti misma y eso no sería justo para David.

—Y además, Blanca —añadió mi padre—, creo que eres muy joven para atarte a una persona así. Tienes toda una vida por delante y...

 

De verdad, de verdad que este libro lo hace a una pensar mucho, contemplar las diferentes perspectivas ante este asunto de la ceguera.

 

Lo que aprendí:

 

Uff, he aprendido un montón de cosas con este libro. Empezando porque es más que cierto aquel dicho de «siempre hay un roto para un descocido». También me ha servido para descubrir tecnologías para los invidentes que no sabía que existían —como las pelis narradas— y en especial, para no sentirme tan extraña. Muchas de las cosas que alguna vez llegué o he llegado a experimentar/pensar están en ese libro, frustración, dudas, inseguridades, incluso me sentí aliviada al darme cuenta de que para nada soy inútil —y aquí quienes me conocen seguro vienen a tirarme de las orejas por pensar eso, ^^U —.

Creo fervientemente que falta mucho por hacer, mucha gente que necesita ser educada con respecto a las personas con alguna discapacidad, y es algo que toma toda la vida. Crear conciencia en la gente es un trabajo arduo, duro y a veces desgastante, pero vale la pena, vale la pena cuando alguien ya bien sea ciego, con Down o autismo termina la universidad, vale la pena pasar por todas esas situaciones desagradables cuando te enteras de que personas que vienen detrás de ti lo tienen ahora más fácil para estudiar, para ir al cine o conseguir un empleo.

Muchos padres y hasta las mismas personas con alguna deficiencia se la viven quejándose que si el gobierno, que si las leyes, cuando los únicos que podemos hacer algo somos nosotros mismos, no quedándonos encerrados en casa sin estudiar, o sin poder ir al teatro sólo porque nos da vergüenza o no hay rampas. ¿Cómo puede enterarse la gente acerca de qué es un autista si lo mantienen encerrado? ¿Cómo sabrán los demás que a los ciegos nos gusta el cine —a mí en lo personal me encanta— si no nos atrevemos a ir?

Y por otra parte, ¿cómo quieres enterarte de cómo tratar a un sordomudo o a un niño con parálisis si tampoco te acercas a conversar con él o con sus padres? De verdad, gente, no mordemos. Los autistas seguro que pecarán de francos y a lo mejor te sientas un tanto incómodo por su sinceridad, pero no lo hacen de mala fe; los ciegos somos unas chachalacas y una vez nos haces plática luego no podrás callarnos. De veras, a la gran mayoría de nosotros no nos incomodan las preguntas, no nos molestan que nos interrogues acerca de cómo usamos el móvil sin poder ver, o el ordenador, o cómo cocinamos. Preferible es que pregunten a que digan en la calle «mira, pobrecito, no ve…». O peor tantito: «es ciego, ¿qué puede saber de x programa de televisión o de cine?» ¬¬

 

Es cierto que a veces me habría gustado que sucediera un milagro y David volviera a ver. Pero él veía. Veía con sus manos, con sus oídos, con el corazón. Veía cosas que muchos de nosotros nunca llegaríamos a apreciar. Notaba el temblor de una voz, el sonido del silencio, la brisa que nos acariciaba la cara al pasear cerca del mar. Veía a la gente que lo trataba como un inválido y a quienes lo respetaban por ser quien revelaban mis ojos. Aprendí que las cosas más bellas del mundo no se pueden ver con los ojos, ni se pueden tocar, sino que se deben sentir con el corazón.

 

Recomiendo este libro a todo el público: a aquellos que quieran saber un poco más acerca del mundo de sombras —literalmente hablando xD — de una persona invidente, aquellos que tengan a un familiar ciego y quieran reconfortarlo de alguna manera, hacerle ver que no está solo; o simplemente, aquellos que quieran disfrutar de una linda historia de amor, no como las que se ven en estos días, sino una con problemas reales y sentimientos genuinos y no enfermizos.

 

¿Te atreves a cerrar los ojos y a mirar el mundo desde otra perspectiva?

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