BENBENUTO

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Que tu estancia aquí sea placentera, y que mis letras logren llevarte a la reflexión, al análisis pero sobre todo, que te sirvan de aliento, de consuelo y apoyo. No estás solo, escritor novel. Yo camino a tu lado, hoy y siempre.

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domingo, 7 de abril de 2013

Colorín colorado, este cuento me ha aterrado



¡Hola a todos!

Hoy les traigo algo que, en un principio, pensaba publicar en Potterfics, pero recordé que, aunque las historias de horror no están prohibidas, el lemon sí lo está y, por otro lado, no estoy muy segura de haber manejado bien la plataforma de Fiction press, así que decidí subirlo aquí. Es más fácil para mi programa parlante, y no me amonestaré a mí misma por subirles la temperatura uno que otro grado =P

 

Les cuento de qué va esta nueva idea: «Colorín colorado, este cuento me ha aterrado», es el título de una colección de cuentos que he venido planeando desde que publicase: «Hoy quiero ser Blancanieves». Mi intención es primeramente compartir la colección con ustedes, a fin de conocer sus opiniones, sean malas, buenas, decentes, de cualquier tipo, con el objetivo de crecer y por supuesto, pulir los textos para después, publicarlos en Amazon, tanto en versión digital como en papel.

Así que les pido de todo corazón que comenten. Si les gustó, si los aburrió, si quieren lanzarme un ramo de flores o un tomatazo, sin pena me lo hacen saber.

 

Así pues, les dejo el primer relato: ¡que lo disfruten!

 

No apto para menores de edad.

 

1

El lobo

 

Hold on, little girl

 The end is soon to come. »

(Evanescence, Sick)

 

Me estremecí desde que escuché el sonido de la llave entrando en la cerradura.

Todo había sido muy extraño y a la vez, apasionado. Todavía recuerdo el desagradable olor a tabaco, alcohol y mariguana que impregnaba cada una de las paredes del mugriento antro en el que trabajaba. A simple vista, yo parecía una delicada mariposa, una muñeca de porcelana que podría romperse, bella, frágil y al mismo tiempo, tentadora. Y era por esa ambigüedad de mi apariencia que los hombres se me acercaban, a muchos les parecía excitante acostarse con una jovencita que tenía la pinta de ser una colegiala.

No obstante, yo me sentía como una anciana, demasiado cansada de vivir siempre lo mismo, atada a la estúpida ensoñación de que algún día un caballero andante me rescataría de las garras de mi padrote. Pero los príncipes azules no rondaban esos barrios, no, ellos iban a clubs de la alta sociedad, bebían champagne y fumaban de esos cigarros con sabor a cereza.

Lo que sí había en los sitios que yo frecuentaba, eran los lobos.

Esa noche, un lobo entró en el local con el porte propio de su especie. Era alto, moreno, con unos ojos azules que podían matar con sólo clavársete. Sentí que la respiración se me atascó en los pulmones, tal y como me pasaría en las noches siguientes; fui incapaz de apartar la mirada, las luces de colores le daban un aire de misticismo que me atrapó por completo.

Para mi sorpresa, él se fijó en mí, pude notar cómo sus instintos de cazador salían a flote. Yo no pude moverme, idiotizada por su elegante caminar, su aguda mirada me recorrió de pies a cabeza haciendo que un chispazo eléctrico subiera por mi columna. Su cercanía hizo que esbozara una tímida sonrisa, misma que pareció encantarle porque me regresó el gesto, sólo que el de él no fue para nada tímido.

Me había atrapado sin que me diera cuenta. Y no es que el hecho me disgustase, digo, es cierto que soñaba con ser rescatada por alguien de la realeza, pero que el lobo alfa me reclamase como suya tampoco estaba nada mal. En especial porque ello significaba vivir en una mansión, rodeada de vestidos preciosos y joyas a granel, sin contar la cantidad de sirvientes que tenía a mi disposición. Era perfecto: me había sacado la lotería sin siquiera comprar el billete.

El único inconveniente era, que no podía salir de la casa. Al principio me asusté e incluso molesté, salir de una prisión para caer en otra no era lo que tenía planeado, pero tras recorrer la mansión y contemplar todo lo que estaba a mi alcance dentro de ella, decidí no protestar. Me estaban ofreciendo un castillo a cambio de poco, o más bien, a cambio de aquello en lo que era experta: regalar noches interminables de sexo.

Había transcurrido casi un mes y, hasta la fecha, esos ojos seguían encandilándome igual a como lo habían hecho la primera noche. E, igual a como había hecho la primera noche, seguía usando la misma indumentaria para hacerle el amor: ropa interior de encaje y una caperuza roja sobre la cabeza.

Y así es como lo esperaba en aquellos momentos, tumbada de espaldas sobre la cama, con la caperuza cubriéndome a medias, invitándolo a él a devorarme de un bocado.

—Qué ojos tan grandes tienes… —le dije en tono sensual, a la par que me mordisqueaba una uña.

—Son para verte mejor —me respondió él de igual manera, sus ropas quedaron poco a poco en el piso mientras se aproximaba hacia mí cual depredador hambriento.

Hundí mis manos en su pelo, mis labios sucumbieron a los suyos, suaves y ardientes a la vez; sus dedos me recorrieron con prisa y ansia desesperada. Lo sentí bajar por mi cuello, febril, mi cuerpo respondía ante cada roce, pequeñas succiones hicieron que me arqueara de placer.

—Que… orejas…más grandes tienes… —susurré entre jadeos, ahogué un gemido en el instante en el que su boca volvía a apoderarse de la mía y lo sentía alinearse con mis caderas, su pelvis ejerció una ligera, pero deliciosa presión.

Lobo agarró un cuchillo que reposaba en la mesita de noche más cercana, la fría hoja acarició mi mejilla y me provocó un escalofrío. He de admitir que al inicio creí que ese tipo de prácticas no iban conmigo, pero mientras más las realizábamos más me gustaban. Y en esta ocasión no sería la excepción.

—Son para oírte mejor —murmuró él y me hizo un ligero corte, cerca de la clavícula, a lo que yo gemí y enredé mis piernas en torno a él; pude sentirlo adentrándose hasta lo más profundo de mi ser, caliente, fuego y seda derritiéndose y derritiéndome.

—Qué… dientes… más grandes tienes… —gemí, mis uñas se clavaron en su espalda ante una nueva embestida, sentía cada uno de mis músculos tensarse más y más, el corte en mi mejilla sólo aceleró el momento del clímax, su orgasmo colisionó contra el mío con lo que el mundo a mi alrededor se tambaleó.

Una vez más, la respiración se me quedó atascada en los pulmones… seguida de un espantoso dolor en el pecho que no había sentido antes.

Lobo no extrajo el cuchillo, lo dejó ahí, en el centro de mi corazón, su sonrisa torcida me pareció, por primera vez, terrorífica.

—Son para comerte mejor, preciosa.

Me besó una última vez, sin mi permiso pero con mi total consentimiento.

Porque al final de cuentas, yo sabía en qué me metía al liarme con un narcotraficante.

 

Padrote: m. Méx. Individuo que explota a una prostituta.

Antro: m. Local, establecimiento, vivienda, etc., de mal aspecto o reputación.

 

© Reservados todos los derechos.

Los personajes mencionados aquí pertenecen a su autora y por ende, queda prohibida la reproducción parcial o total de este cuento sin su autorización.

Cada cuento es independiente, es decir, no están relacionados unos con otros ni tienen continuación.

 
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