BENBENUTO

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Que tu estancia aquí sea placentera, y que mis letras logren llevarte a la reflexión, al análisis pero sobre todo, que te sirvan de aliento, de consuelo y apoyo. No estás solo, escritor novel. Yo camino a tu lado, hoy y siempre.

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jueves, 21 de febrero de 2013

Teclas musicales X: ¿quién lo sabrá?



Hoy, más que traerles una canción, vengo a sacar algo que me viene calando desde hace ya varios meses —sí, meses, ya ven lo mucho que puedo aguantar sin decir nada—, y que si no digo ya acabará por hacerme explotar.

Aunque no lo parezca, hace no menos de un año era una persona bastante sumisa, de esas que se muerde la lengua antes que defender sus derechos o expresar algo con lo que no está conforme. No obstante y afortunadamente —sí, ahora sé que es una fortuna—, cambié.

Un día, decidí no quedarme callada, decidí expresar mis disgustos. Eso sí, siempre con respeto, recordemos que nuestra libertad termina donde empieza la del otro.

No obstante, hace ya varios meses que me vienen ocurriendo situaciones que me han mortificado en demasía. Para mí el año pasado no terminó tan feliz como me hubiera gustado: personas en las que yo había depositado mi confianza me traicionaron, me pisotearon y encima me dieron una patada; jugaron con mis sueños, volviéndolos pesadillas.

Y entonces me pregunté: ¿vale la pena que haga todo esto? ¿Tiene algún sentido que pelee en contra de quienes abusan del débil? ¿Sirve de algo que luche contra la discriminación?

Créanme, mi moral quedó destrozada a finales del 2012. Tanto que terminé enferma y sin poder levantarme de mi cama durante tres semanas. Por suerte, mi familia, mis amigos y demás allegados me levantaron e impulsaron a seguir adelante.

Afortunada o desafortunadamente, esta situación de abuso y atropello volvió a ocurrirme durante esta semana. Y volví a hacerme las mismas interrogantes de arriba, dudé de mis propias capacidades, lloré de rabia, de impotencia, y estuve a punto de desistir, de rendirme y resignarme a ser del montón, de mandar al mundo al carajo y dejar que resolvieran sus problemas solos, sin importarme en lo más mínimo lo que le pasase al prójimo.

Pero entonces un profesor me hizo recordar que no vale ser conformista, que no vale quedarse con lo que ya está escrito, que no vale abandonar los sueños sólo porque a alguien con mala leche le dio la gana de defecar sobre uno. ¿Saben qué? No me importa. No me importa cuántas veces me tiren, cuántas veces se burlen de mis sueños, no me importa cuántas veces me apuñalen por la espalda.

Yo me levantaré, así derrame mil lágrimas para hacerlo, pero voy a ponerme de pie para seguir caminando, y voy a seguir peleando contra la discriminación, voy a seguir luchando contra quien abusa de otros sólo porque se cree con el derecho de hacerlo.

No se trata de declararle la guerra a nadie, pero tampoco pienso quedarme callada, señoras y señores. Por mis ovarios he llegado hasta donde estoy, y por mis ovarios pienso llegar más lejos, pienso hacer la diferencia, así me tachen de rara, así se burlen de mí o me miren con mala cara. Lo siento para quienes esto pueda significar un problema, pero se necesita más que todas estas situaciones para derribar a su servidora.

Hoy traigo un himno, mi voz en la voz de mi cantante favorita, el grito que no pude dar estos días. Quien quiera gritar conmigo es bienvenido y, quien no, pues mucho gusto.

Sin más, me despido no sin antes decirles que, para todo el que lo necesite, aquí tienen una mano amiga, alguien que no los traicionará y que peleará por ustedes a capa y escudo de ser necesario.

Por ustedes, hoy y siempre.
 
 
 

jueves, 3 de enero de 2013

Teclas musicales IV: la voz

 

Y para no perder el hilo, vuelvo a traerles este jueves una canción de mi italiana favorita: Laura Pausini. Creo que esta es menos sonada que la anterior, pero igual es una canción preciosa, que nos levanta el ánimo y nos recuerda que nuestra voz merece ser escuchada, de una u otra forma.
 
 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Teclas musicales III: «El mundo que soñé».

 

Hoy vengo con algo de esta estupenda cantante italiana: Laura Pausini. Yo soy una fan empedernida de esta mujer, y es que me fascina su música tanto en su versión en español como en italiano. Tal vez la mayoría no conozca la pieza que hoy he subido de ella, pero es que esta canción se presta a la perfección con lo que a continuación les voy a narrar.

Resulta que estaba yo la noche antes de navidad cuando por casualidad, escuché la conversación de dos niños, ella más grande que él y también, de mucha mejor situación económica.
 

—¿A ti qué te ha traído Santa Claus? —le preguntó la niña al otro.

—Nada —respondió él con naturalidad, como si entendiese a la perfección que aquella navidad Santa había estado muy ocupado haciendo regalos y no le dio tiempo de hacer el suyo—. ¿Y a ti?
 

Creerán que se me encogió el estómago por el hecho de que el niño no tuviese un regalo de navidad. Pero no, lo que me pasó fue que se me dibujó una sonrisa en los labios, una enorme sonrisa acompañada de una cálida sensación en el pecho. Y es que ese pequeño no estaba triste por no tener un regalo de navidad. Poco le faltó para decir: «¿qué más da si me trajo o no? ¿A ti qué te trajo? Seguro que el año que viene me toca algo…».

Y entonces me hice la pregunta: realmente se necesita de los regalos para que sea navidad? ¿Por qué rayos les vendemos esa idea a los niños? La navidad no la hacen los regalos, la hace la unidad, la alegría de saberte vivo y en compañía de seres queridos. A lo mejor ya no están todos los que quisiéramos, a lo mejor no tenemos una súper cena para degustar, pero estamos los que estamos, los que debemos estar y eso debería bastarnos, debería hacernos sonreír tan o más ampliamente de lo que sonrió ese pequeño esa noche. Fue la cosa más hermosa, se los juro, fue el mejor regalo que yo pude recibir.

Por eso hoy les traigo esta canción, para que la lleven no en un reproductor de música, sino en lo más hondo de su ser y la tengan presente durante todo este año. Hagamos un propósito que valga: hagámonos la promesa de que este año seremos mejores personas, seremos mejor mundo y nos preocuparemos por lograr que el de al lado componga una sonrisa. No es tan difícil, hacer que alguien sonría en el día. No nos vayamos a dormir sin lograr esto: arrancarle una sonrisa a alguien en el transcurso de la mañana.

 


¿Y tú? ¿Cuál fue el mejor regalo de navidad que pudiste recibir?
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